Axa

Todo hijo se parece a sus padres. Esa semejanza no es solo genética, también es percibida externamente tanto en las características físicas como psicológicas. Con relación a esas similitudes, la Biblia nos da un ejemplo inspirador de una joven que fue exactamente como su padre: Acsa, hija de Caleb.

 

 

Caleb fue uno de los 12 espías enviados por Moisés a Canaán (Nm 13:1-3, 6). Por ser perseverante e intrépido, recibió la promesa del propio Dios, de que él y su descendencia entrarían en la buena tierra (Nm 14: 6-9, 24). Al realizar una confesión positiva frente a hechos negativos, Caleb fue bendecido e influenció generaciones futuras con su fe. Veamos ¿cómo sus características inspiraron a su joven hija y la hicieron un ejemplo para nosotros?

 

La osadía y perseverancia de Acsa

 

La historia de Acsa ocurrió en la época en que el pueblo de Israel, después de vagar 40 años en el desierto, conquistaba la tierra prometida por Dios. Ella era una joven que conocía toda la historia de su pueblo, así como el poder y la benignidad de Dios al escoger y sustentar a los Israelitas. Acsa formó parte de la conquista de Canaán, cuando su padre la prometió en matrimonio a quien conquistase parte de la herencia (Jos 15:13-16).

 

 

Otoniel fue el joven que aceptó el desafío de Caleb de conquistar Debir. Y como recompensa, se casó con Acsa. Como regalo de matrimonio de Caleb, la pareja recibió una porción de tierra nada agradable a primera vista: el desierto del Neguev (17-19). Como Acsa no era una mujer común, ella aceptó el regalo, pero no se conformó con la vida árida que aparentemente estaba a punto de experimentar.

 

El nombre Acsa tiene dos significados: adornada y rompiendo los velos. Al recibir ese desierto ella no lo rechazó, sino que ciertamente pensó en una forma de adornarlo y aún más, convertirlo en una tierra tan buena como cualquier otro lugar fértil. Para esto, le pidió a su padre lo que era necesario para modificar la sequía de su herencia (fuentes de agua).  Al hacer esa petición ella fue  intrépida al romper los velos que estaban delante suyo. 

 

Un velo representa cada barrera que debe ser superada. Acsa sabía exactamente lo que necesitaba para cambiar la situación. Y aún más, ella estaba clara de a quién debía recurrir para obtener ayuda. Ella tenía un padre que la ayudó en todo lo que necesitaba. Por creer, tuvo la fe suficiente y recibió las fuentes de agua. Caleb fue tan generoso con su hija que le dio como regalo las fuentes superiores e inferiores (Jue 1:15).

 

 

Las fuentes que transforman el desierto

 

El resultado de esas fuentes en el desierto del Neguev es descrito en el Salmo 126

 

“Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres. Haz volver nuestra cautividad, Oh Jehová, como los arroyos del Neguev. Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.”

 

Hasta los días actuales el Neguev no es un desierto común. Por los torrentes que lo impregnan, este es un lugar fructífero y florido. Con la bendición de Dios que envía lluvia a su debido tiempo, su aridez se transforma en alegría. Por eso, él es un símbolo de esperanza y consuelo para aquellos que esperan un milagro de parte del Señor. 

 

 

El florecimiento de nuestro desierto

 

Ante esto, amado joven, ¿qué has hecho con algún desierto que has recibido de parte de Dios? ¿Lo has despreciado o lo has recibido como una oportunidad de transformación y una puerta para milagros? No podemos desperdiciar ninguna experiencia. Nuestro Padre no desea darnos sequedad, todo lo contrario, ¡Él quiere hacernos vencedores! Un vencedor es aquel que supera desafíos y no aquel que vive en ausencia de obstáculos. 

 

Necesitamos tener la convicción de que somos hijos del Dios altísimo y que nuestro Padre es capaz de suplir cada una de nuestras necesidades y que ya nos ha bendecido con todo lo que necesitamos (Ga 4:6-7; Ef 1:3). En Juan 7:37-38 nos es dicho que, si creemos, ¡de nuestro interior correrán ríos de agua viva! Estas fuentes son capaces, no solo de aniquilar nuestra sequía, sino también de irrigar a las personas que están a nuestro alrededor. Frente a esto, vamos a ser osados en clamar a Dios para que cambie nuestra situación, independientemente de cuán compleja sea (Mt 7: 7-11). 

 

 

También podemos ser estos que adornan cada adversidad con el tesoro que Dios colocó dentro de nosotros y un espíritu manso y tranquilo (2 Co 4:7; 1 Pe 3:3-4). Eso solo es posible si tuviéramos intrepidez para entrar en el Lugar Santísimo con la seguridad de que, en Su muerte, Cristo rompió los velos de separación entre nosotros y el Padre (Lc 23:45; Hb 10: 19-20). Vamos a acercarnos al trono de la gracia y curar toda sequía e insatisfacción que existe alrededor nuestro (Hb 4:16).

 

Como Caleb y Acsa, hagamos una confesión positivamente incluso de los hechos negativos que surgen, no porque nos guste sufrir, sino porque tenemos la seguridad de que Dios está con nosotros (Mt 28:20b). ¡Que, por la intrepidez, perseverancia y fe en el Padre, podamos recibir las fuentes que necesitamos para ver florecer cada desierto!

 

Este texto está basado en un video de la serie Mulheres da Bíblia – Suas Histórias e Legados del Instituto Vida Para Todos. Puedes acceder a esa serie completa haciendo click aquí.

 

Si además quieres ver el florecimiento del desierto del Neguev cliquea aquí.

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