Agar

El relato de Agar en la Biblia destaca la compleja e intrincada obra de Dios en la historia humana. Muchas veces hemos creído que Agar es un personaje sin importancia en la historia del patriarca Abraham y su esposa Sara, hasta el punto de que, tal vez sin proponérselo, la desplazamos a un segundo plano, ya que la proyectamos simplemente como la mamá de Ismael. Pero, la realidad es otra, Agar también desempeña un papel importante en el plan divino. Su historia es un ejemplo claro para nuestras vidas, de cómo Dios se puede manifestar en medio de nuestras circunstancias más desoladoras, e incluso cuando estas son muy difíciles de comprender y sobre todo de aceptar.

 

La historia de Agar también nos confrontará con nuestra ligereza con la que en oportunidades aceptamos o abordamos las promesas del Señor y nos bendecirá a tal grado que abandonaremos los prejuicios que en oportunidades nos impiden caminar por fe, con el fin de confiar en la fidelidad de Dios y sus promesas.

 

En Génesis Cap.16: Vrs.1-4, La Escrituras narran cómo Saraí, la esposa de Abram (más tarde llamado Abraham), le dio a su sierva egipcia, Agar, para que concibiera un hijo en su lugar, ya que esta era estéril. En aquellos días, también era costumbre tener madres sustitutas, ya que una mujer sin hijos se sentía menospreciada frente a sus parientes y amigos por no tenerlos, y no poder cumplir así el propósito de Dios de dar fruto y multiplicarse (Gen.1:28). ).

 

Fue Saraí la que animó, a Abram a que se llegara a su sierva Agar, con el fin de que esta le diera un hijo. Y según la costumbre, este niño se consideraría el hijo de Abram y Saraí; no de Abram y Agar. Sin duda, algo maravilloso o significativo tendría que haber visto Saraí en Agar para que entre todas sus siervas se fijara en ella para esta empresa.

 

Hoy día, esta práctica es conocida en el mundo entero como “inseminación artificial” o “maternidad sustitutiva”. En este procedimiento, la madre es fecundada utilizando una muestra cuidadosamente seleccionada del esperma de su esposo, especialmente en situaciones donde la esposa es incapaz de producir óvulos. También se practica hoy en día la "subrogación gestacional", que consiste en el trasplante de un embrión ya concebido que contiene el esperma y el óvulo de una pareja, a un vientre sustituto. En este caso, el papel de la madre sustituta es simplemente el de portadora, lo que no era el caso de Agar.

 

Estas técnicas médicas modernas, se han desarrollado con el propósito de brindar soluciones a las parejas que por alguna razón no han podido tener hijos, y de esta forma les permiten cumplir con el propósito de ser padres y disfrutar de sus retoños.

 

Lo triste de la historia, es que Saraí hizo algo que iba en contra de la voluntad de Dios para sus vidas, y peor aún, algo que iba en contra de la naturaleza de las mujeres; es decir, dar a otra mujer a su marido. Hoy sabemos que esto sucedió porque interpreto mal la voluntad de Dios y el cumplimiento de la promesa del Señor, que Abram sería padre de muchas naciones, ya lo mejor ella sintió que estorbaba el cumplimiento de esta promesa y quiso “ayudarle” a Dios y de paso a su marido.

 

De la historia de Agar, al menos hasta este punto, aprendemos que acomodar la voluntad de Dios o apresurar el tiempo del cumplimiento de sus promesas puede causarnos dolor, angustia y confusión. Vemos que, cuando nació el hijo de Agar, esta no quería entregar su hijo a Sara y de paso la miro con desprecio.

 

Por otro lado, aunque la Biblia no prohíbe explícitamente el uso de un padre sustituto, plantea preguntas éticas importantes. El matrimonio bíblico se establece como una unión entre dos personas, con la expectativa de que los hijos nazcan de esa relación (Génesis 1:28; 2:24). Introducir a un tercero en esta dinámica significa que el niño tendrá un tercer padre, lo que genera interrogantes cruciales.

 

Lo cierto es que, usar un vientre sustituto por un desafío arrogante a Dios sería un pecado, pero usar un vientre sustituto, o utilizar el método de inseminación artificial después de considerarlo en oración y un tiempo de búsqueda de la voluntad y la guía del Señor. puede ser una alternativa viable para las parejitas que quieren tener hijos; Lo importante en este caso es examinar nuestras motivaciones y al final considerar la guía del Espíritu Santo. Ya que en primera de corintios Capitulo 10, versículo 31, Las escrituras nos enseña que hagamos lo que hagamos debemos hacerlo todo para la gloria del Señor.

 

Genesis 16: 1-4 1 Saraí no podía darle hijos a su esposo Abram, pero tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar. 2 Entonces le dijo a Abram: —Mira, el Señor no me ha permitido tener hijos, pero te ruego que te unas a mi esclava Agar, pues tal vez tendré hijos por medio de ella.

Abram aceptó lo que Saraí le dijo,  3 y entonces ella tomó a Agar la egipcia y se la dio como mujer a Abram, cuando ya hacía diez años que estaban viviendo en Canaán. 4 Abram se unió a Agar, la cual quedó embarazada; pero cuando se dio cuenta de su estado comenzó a mirar a su señora con desprecio.

 

Genesis 16: 5-10 5 Entonces Saraí le dijo a Abram: —¡Tú tienes la culpa de que Agar me desprecie! Yo misma te la di por mujer, y ahora que va a tener un hijo se cree más que yo. Que el Señor diga quién tiene la culpa, si tú o yo. 6 Y Abram le contestó: —Mira, tu esclava está en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca. Entonces Saraí comenzó a maltratarla tanto, que Agar huyó. 7 Pero un ángel del Señor la encontró en el desierto, junto al manantial que está en el camino de Sur,  8 y le preguntó: —Agar, esclava de Saraí, ¿de dónde vienes, ya dónde vas? —Estoy huyendo de mi señora Saraí —contestó ella. 9 Entonces el ángel del Señor le dijo: —Regresa al lado de tu señora, y obedécela en todo. 10 Además el ángel del Señor le dijo: «Aumentaré tanto tus descendientes, que nadie los podrá contar.

 

Genesis 16: 10-16 10 Además el ángel del Señor le dijo: «Aumentaré tanto tus descendientes, que nadie los podrá contar. 11 Estás encinta y tendrás un hijo, y le pondremos por nombre Ismael, porque el Señor escuchó tu aflicción. 12 Será arisco como un potro salvaje; luchará contra todos, y todos contra él; pero él afirmará su casa aunque sus hermanos se opongan.» 13 Como Agar había hablado con el Señor, le llamó «el Dios que ve», pues se decía: «Dios me ha visto y todavía estoy viva.»  14 También por eso el pozo se llama: «Pozo del que vive y me ve». Este pozo está entre Cadés y Béred. 15 Y Agar le dio un hijo a Abram, y él lo llamó Ismael. 16 Abram tenía ochenta y seis años cuando nació Ismael.

 

Leemos en Génesis Capítulo 16, versículo 3: “Y Saraí mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su marido”.

 

Algunos grupos judíos creen que la esterilidad de Saraí se debía a un castigo de parte de Dios hacia Abraham y su esposa Saraí por haber huido a Egipto a cusa del hambre y no haber confiado en la capacidad de Dios para proveerles en semejante situación. Pero, nuestro texto del día nos dice que, ya habían vivido diez años en la tierra prometida, y todavía no lograban tener hijos. Tal vez por esto, Saraí decidió tomar parte en al asunto al decirle a Agar que se llegara a su amo.

 

Lo anterior me lleva a considerar los tiempos de Dios con relación a sus promesas. Gracias a las Escrituras, sabemos que el concepto de los tiempos de Dios, está estrechamente ligado a Su Soberanía. Es decir, que nuestro Dios es el Señor de la historia y que controla los eventos para llevar a cabo sus aviones, tal como lo describe ampliamente Daniel Capitulo 2, versículo 21; y Romanos Capítulo 8:28.

 

A lo largo de toda la Biblia vemos que Dios hace promesas a su pueblo Israel, a sus hijos adoptivos, es decir a nosotros. A sus siervos, y todos a todos aquellos que Él decide llamar y elegir para sus propósitos. Lo que vale la pena tener presente, es que estas promesas se cumplen y se cumplirán en el tiempo de Dios, de formas o momentos inesperados, o después de largos períodos de espera, como es el caso del nacimiento de Isaac en la vejez de Abraham. según Génesis Capítulo 21, del 1 al 3.

 

No sé tú, pero en lo personal, diez años se siente como mucho tiempo cuando uno está esperando el cumplimiento de una promesa, especialmente si es de Dios. En este punto, logro identificarme en un poco con Saraí. Lo cierto es que, a menudo los tiempos de Dios son usados para poner a prueba nuestra capacidad para ser pacientes, pero, sobre todo, nuestra confianza en Dios y nuestra capacidad para perseverar en la fe, al margen de los tiempos que nos vemos obligados. a enfrentar.

 

Lo cual indica que estamos llamados a no hacer caso del movimiento cultural o social que nos presiona a tomar decisiones fuera del tiempo de Dios, porque movernos fuera del tiempo del Señor puede llevarnos a perder la confianza en sus promesas. Observa, Jacob, por ejemplo, tuvo que vivir en tierra ajena por veinticinco años porque pensó que debía entre “ayudarle a Dios” para obtener la bendición de su padre al robarle la bendición a su hermano Esaú. Moisés tuvo que cuidar ovejas durante cuarenta años en el desierto después de que intentó “ayudarle a Dios” asesinando a un egipcio, porque pensó que la liberación del pueblo del Señor seria a su manera.

 

 

Algo, interesante que descubro al meditar en los tiempos de espera de parte de Dios, es que estos los pueden utilizar Dios, no solo para preparar nuestro carácter para el cumplimiento de sus promesas. Sino también como parte de Su formación espiritual en nuestro interior; ya que mientras esperamos confiadamente el cumplimiento del tiempo, podemos crecer en sabiduría, y lo más importante, en nuestra relación con Dios. Ejemplo de esto nos lo da nuestro Señor Jesucristo, quien mientras se mantenía en sujeción a sus padres terrenales esperando el cumplimiento del tiempo. Las Escrituras nos dicen que Él crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y para con los hombres (Lc.2:52)

 

Daniel 2:21 21 Él cambia los tiempos y las épocas; quita y pone reyes,

da sabiduría a los sabios e inteligencia a los inteligentes.

 

Romanos 8:28 28 Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito.

 

Genesis 21:1-3 1 De acuerdo con su promesa, el Señor prestó a Sara y cumplió lo que le había dicho, 2 así que ella quedó embarazada y le dio un hijo a Abraham cuando él ya era muy anciano. El niño nació en el tiempo que Dios le había dicho. 3 El nombre que Abraham le puso al hijo que Sara le dio, fue Isaac.

 

Leemos en Génesis Cap 16 versículo del 7 al 9: “Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. Y le dijo: Agar, sierva de Saraí, ¿de dónde vienes tú, ya dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Saraí mi señora. Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano”.

 

No hay ninguna persona perfecta en esta historia de la biblia, cada personaje en Génesis es tan defectuoso como cada uno de nosotros. Abraham y Sara dudaron del plan divino y de las promesas de Dios. Y, Agar, para ser francos, padeció maltrato emocional en manos de una pareja que debía protegerla a ella ya su hijo Ismael. Pero, al mismo tiempo, podemos identificarnos con la tristeza de Sara y sentir pena por ella debido a su infertilidad. Ni que hablar de lo que pudo haber pensado o sentido Abram en su momento respecto a esta situación. Lo cierto, es que esta historia nos permite reconocernos como humanos, con nuestros más y con nuestros menos, con nuestro lado lleno de luz, así como nuestro lado distorsionado u oscuro que necesita el toque redentor de nuestro Salvador Jesucristo.

 

Nuestro texto del día, nos permite entender que la crueldad de Saraí chocó con el orgullo de Agar, y al final esta, salió huyendo de la presencia de su señora hacia el desierto; tal vez, buscando volver de nuevo a Egipto, su lugar de origen. Pero el Ángel de Jehová le salió al encuentro y sostuvo con ella una conversación reveladora; en donde le da a entender que más allá de los planos de Abram y Saraí para con ella, era Dios mismo quien tenía un propósito no solo para ella, sino también para su hijo Ismael. Por tanto, debía volver a casa de Abram y Saraí, pero sobre todo debía seguir bajo la custodia de Saraí, hasta el punto que el Ángel de Jehová le pidió que se mantuviera sumisa a ella. Más tarde en el texto, se muestra que Agar entendió que esta persona con quien hablaba y que tenía forma de Ángel, era Dios mismo.

 

Es muy revelador para nosotros darnos cuenta a través de la historia de Agar, que sea donde fuere que nos encontremos con relación a Dios, bien sea en el desierto o en la plenitud de nuestra vida, Dios está allí con nosotros, sosteniéndonos, celebrando a nuestro lado. Amándonos o rescatándonos, direccionándonos o corrigiéndonos, extendiendo su mano hacia nosotros para sacarnos del lodo, o abrazándonos celebrando los logros de nuestra vida.

 

 

Sin duda, son buenas noticias para aquellos de nosotros que no somos perfectos, o para aquellos que andan en lugares desiertos huyendo de la realidad de su vida, o para los que lloran por las consecuencias de sus malas decisiones. Pero, sobre todo, para aquellos que son víctimas del maltrato y del rechazo. ¿Por qué? Tal vez te preguntes. Bueno, porque este Ángel de Jehová del que habla las escrituras es Dios mismo quien ha prometido ayudarnos en nuestros momentos de mayor desesperación. 2 de Cor. Cap.1 Vrs.3-4, lo asegura de la siguiente manera: Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podemos consolar a todos los que sufren.

 

2 Corintios 1:3-4 3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión y el Dios que siempre nos consuela.  4 Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros.

 

Salmo 91:1-16 1 El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, 2 dados al Señor: «Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!» 3 Solo él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, 4 pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarán seguras. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo! 5 No tengas miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de día, 6 ni a las plagas que llegan con la oscuridad, ni a las que destruyen a pleno sol; 7 pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti nada te pasará. 8 Solamente lo habrás de presenciar: Verás a los malvados recibir su merecido. 9 Ya que has hecho del Señor tu refugio, del Altísimo tu lugar de protección, 10 no te sobrevendrá ningún mal ni la enfermedad llegará a tu casa; 11 pues él mandará que sus ángeles te cuiden por dondequiera que vayas. 12 Te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna. 13 Podrás andar entre leones, entre monstruos y serpientes. 14 «Yo lo pondré a salva, fuera del alcance de todos, porque él me ama y me conoce. 15 Cuando me llame, le contestaré;

¡Yo mismo estaré con él! Lo libraré de la angustia y lo colmaré de honores; 16 lo haré disfrutar de una larga vida: ¡lo haré gozar de mi salvación!»

 

Leemos en Génesis Capitulo 16, versiculos del 10 y 11: “Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. Además, le dijo el ángel de Jehová: He aquí que ha concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción".

 

Algo realmente importante para resaltar en esta historia, es que a pesar del estatus de esclava que poseía Agar y que esta, inicialmente, no formará parte de la promesa original de Dios a Abram de tener descendencia; el Señor nos permite ver su corazón de gracia y misericordia para esta mujer vulnerable, al darle una promesa de una descendencia tan numerosa que no se contaría fácilmente. Lo cual nos permite, para nosotros entender que la gracia y la misericordia del Señor para nuestras vidas, no se basan en nuestro desempeño, nuestros méritos o capacidades, o mucho menos en nuestra posición social. En otras palabras, tampoco se trata de nuestro abolengo, o títulos académicos; sino más bien en Su promesa y amor incondicional.

 

Es que, así es nuestro Dios querido amigo, Él tiene una atracción especial por los “don nadie”, por aquellos que las Escrituras describen como: Enfermos, cojos, ciegos, débiles, leprosos, pecadores. Las escritas nos lo recuerdan en (1 Cor. Cap1. Vrs 27 y 28). Que nuestro Dios escoge lo necio del mundo, para avergonzar a lo sabio; y lo débil del mundo, para avergonzar a lo fuerte; y también escoge Dios, lo vil y menospreciado del mundo…En otras palabras, lo que no es nada, para deshacer lo que es, a fin de que nadie presuma en su presencia, porque todo, absolutamente todo, es por Su gracia y misericordia. .

 

La intervención soberana de Dios en la vida de esta esclava, nos permite también descansar en la realidad de que Dios todo lo ve, todo lo sabe, nada se escapa a su conocimiento, nada esta oculto para él, y de alguna forma él se preocupa. por aquellos que son marginados y oprimidos, sin importar su estatus social o condición económica. Porque la gracia de Dios siempre, siempre, brinda esperanza a los desfavorecidos, dándonos una nueva perspectiva del amor de Dios para nuestras vidas, independientemente de nuestra posición social.

 

Algo que debería cautivar nuestra atención en esta historia es el encuentro que tiene Agar con el Dios de la vida en medio del desierto, un encuentro por demás revelador y transformador. Agar entiende en su condición de esclava, que el Dios de Abram y Saraí, es un Dios que ve y escucha. En su desesperación, no solo le ofrece agua, sino que también le da un propósito por el cual vivir. Esto ilustra cómo, en los momentos más áridos de nuestras vidas, Dios puede revelarse y proveer. Es un recordatorio espiritual de que Dios está con nosotros en todas las circunstancias, incluso en las más desafiantes.

 

Más tarde vemos que el ángel le pide a Agar que volviera al servicio de Saraí y permaneciera sumisa a ella. Lo cual indica, que Dios también observa las relaciones humanas y las dinámicas familiares, y que aún allí, Dios también proporciona gracia suficiente para resolver los conflictos que pueden surgir entre familiares, amigos y patrones empleados. Porque al final de cuentas, Dios nos llama a vivir en armonía los unos con los otros ya ser agentes de paz en el mundo que cada día se destruye más debido a la polarización, la discordia, la ambición y los conflictos.

 

1 Corintios 1:27-28 27 Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. 28 Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo.

 

Mateo 7:7 7 »Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontraran; llamen a la puerta, y se les abrirá.

 

Lucas 6:31 31 Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes.

 

Leemos en Génesis 16, versículo 12: “Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará".

 

Hasta ahora hemos visto en el proceder de Saraí y Abram que la voluntad de Dios hecha de forma distinta a la voluntad de Dios, no es la voluntad de Dios, y que está en lugar de traer paz y bendición, trae conflicto y desesperación. Sin importar los medios que usemos o las excusas que tengamos, siempre, siempre, intentar forzar las promesas de Dios fuera de Su tiempo y de Su forma, nos llevarán a enfrentar situaciones muy complejas que no forman parte de Su plan original.

 

Lo cierto, es que antes del nacimiento de Ismael, Dios ya le había prometido a Abraham una descendencia numerosa a través de Saraí. Y que, aunque Dios no le prohibió a Saraí que actuara como actuó frente a Agar. El nacimiento de Ismael cumplió, al menos en principio con la necesidad de que Abram tuviera un hijo varón, y tal vez por esto Dios decidió bendecir el fruto de Agar con Abram. Aunque no fuera parte de la promesa divina inicial.

 

Lo cual nos lleva a considerar en este punto, quien es Ismael desde la óptica de Dios y de su promesa para él y su descendencia. Lo cierto, es que Ismael fue el primer hijo de Abram, y de paso es un personaje bíblico de gran relevancia tanto para la tradición judía como para la musulmana. La biblia, es enfática al dejar el registro de que la descendencia del hijo de la esclava Agar con Abram sería tan numerosa que no podría contarse. Esto, nos permite celebrar el hecho de que la gracia de Dios y su interés por sus criaturas es enorme, independientemente de nuestros orígenes.

 

Si bien Ismael no fue el hijo de la promesa del pacto abrahámico, su historia nos permite de alguna forma considerar la voluntad permisiva de Dios en algunos asuntos de la historia humana y de paso, también de la nuestra. La vida de Ismael no sería fácil, pero Dios lo bendeciría y lo sostendría. Él vendría a ser el padre de los pueblos árabes. Y al ser Dios mismo quien le pondría el nombre de Ismael se aseguraría de que su historia y su impacto en el mundo no fuera olvidado.

 

Quisiera cerrar esta serie de reflexiones invitándote a considerar algunas preguntas: ¿Quién de nosotros no ha dudado de las promesas de Dios? ¿Quién de nosotros no ha mirado en algún momento de nuestras vidas con desprecio a otra persona, o ha intentado minimizar a alguien? ¿Quién de nosotros no ha sufrido por causa de las injusticias de otros? ¿Quién no ha tenido que enfrentar circunstancias desesperanzadoras en algún momento de su vida?

 

Lo cierto es que, frente a todos estos interrogantes, descubrimos, al Dios que nos ve, al Dios que nos oye, que conoce nuestras desgracias, nuestras pisadas en falso y nos permite por gracia, refugiarnos en su amor y misericordia. Solo Él tiene la capacidad de corregir, cambiar, enderezar lo que este mal en nosotros. Solo Él puede sacar algo bueno de lo vil, de nuestro pecado y transformarlo en algo que honre y bendiga su santo nombre.

 

Deuteronomio 10:12-13 12 »Y ahora, israelitas, ¿qué pide de ustedes el Señor su Dios? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo su corazón y con toda su alma,  13 y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien. Al igual que Abraham, Sara y por supuesto Agar, Dios nos da una segunda oportunidad de obedecerle y serle fiel. Pero sobre todo de caminar de acuerdo a su voluntad. Nuestra respuesta a su amor ya su gracia, al final de cuentas dependerá de nuestro corazón y nuestra capacidad de dejarnos transformar y guiar por Él.

 

Isaias 41:10 10 No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.

 

-DM

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